Historia del bucle de inducción: de una patente de 1937 al microauricular

El collar que llevas al cuello con el microauricular tiene detrás casi dos siglos de física y casi 90 años de historia como aparato. Todo empezó ayudando a personas con pérdida auditiva.

Un audífono antiguo y un auricular de teléfono junto a la caja TESLA nano

Todo microauricular inductivo aprovecha el mismo fenómeno: un campo magnético variable genera corriente en una bobina. Suena a clase de física, porque lo es. Pero el camino desde ese fenómeno hasta un auricular en el oído fue largo.

1831: Faraday y la inducción

Michael Faraday describió en 1831 la inducción electromagnética: un cambio del campo magnético cerca de un conductor genera en él una corriente. Con ese principio funcionan hoy transformadores, generadores, cargadores inalámbricos y bucles de inducción. Detalles en Cómo funciona un pinganillo.

1937: la patente de Joseph Poliakoff

Durante cien años nadie usó la inducción para llevar el sonido al oído. Lo hizo el inventor británico Joseph Poliakoff, que en 1937 patentó un sistema de ayuda auditiva basado en un bucle de inducción. La pieza clave era la llamada bobina telefónica. En principio debía captar el campo magnético del auricular del teléfono y convertirlo de nuevo en sonido, sin los ruidos y distorsiones que aparecen cuando un audífono "escucha" el teléfono con su micrófono.

1938: el primer audífono con bobina

La patente la adquirió la empresa británica Multitone, que en 1938 lanzó el audífono VPM (Vest Pocket Model), considerado el primero con bobina telefónica. Cabía en el bolsillo del chaleco y al oído llegaba un auricular con cable. El nombre "telephone coil" se acortó luego a telecoil, o "bobina T", y el selector con la letra T sigue presente en muchos audífonos.

La posguerra: bucles en salas e iglesias

Los bucles de inducción para personas con hipoacusia se extendieron primero por Europa y llegaron a EE. UU. después de la Segunda Guerra Mundial. Un cable alrededor de una sala, conectado a la megafonía, permitía a quien llevaba audífono en posición T oír al orador con claridad, sin reverberación. Hoy esos lugares se señalizan con el símbolo de una oreja con la letra T (más sobre los bucles para hipoacusia).

La miniaturización: del chaleco al conducto auditivo

El audífono de 1938 se llevaba en el bolsillo. Las décadas siguientes trajeron la reducción progresiva de la electrónica: transistores, circuitos integrados y pilas de óxido de plata y zinc-aire cada vez más pequeñas. En algún momento, un receptor con bobina, amplificador y pila cupo en una carcasa del tamaño de un grano de maíz. Así nació el microauricular inductivo, que va entero dentro del conducto auditivo (hasta dónde puede reducirse).

Hoy: Bluetooth más inducción

Un kit moderno combina dos tecnologías. El collar se conecta al teléfono por Bluetooth o cable. El último tramo, del cuello al oído, lo cubre la misma inducción que describió Faraday y que Poliakoff puso al servicio del sonido (Bluetooth o jack). No se ha inventado nada mejor, porque el campo magnético permite llevar el sonido sin cable ni antena a un auricular tan pequeño que en él no cabría ningún módulo de radio.

Fuentes

Ver microauriculares en hota.pl